sábado, 22 de agosto de 2009

Perro autoexistente


A dormir, monstruo
a soñar, Manel

[Las íes esos penes
caligráficos
disminuyen en mi trazo
erecciones lingüísticas
que se masturban
sobre
el papel]

Puedo abarcar con todos mis dientes ese corazón en blanco y negro que fermenta en tinta roja las palabras - pinceles juguetones en el limbo de la muerte. Muerte.

{La suerte del que no recuerda los títulos del azar que en la biblioteca de los sentidos nos enseñaron a crecer}

Besos como versos
sin traspiés

(La estoy esperando. A mi novia sin velo. Que me mira por el ombligo antes de besarme. Por si llega el verso antes que los invitados. Ahora que los que aplauden apenas ensombrecen el renglón. Que se desvía hacia el público. Bien. Qué bien repetiría el filósofo. O era poeta).

"Mínimo dos, máximo uno"

/Mi cetro a dos manos
codicioso juego
sin más amor
que el placer de saberse
bueno, nuevo
entre esos pensamientos
de calor en movimiento.

La í escrita
en el suelo
con una gota
semental
hacia lo pasado
y otra
aquí/