miércoles, 29 de febrero de 2012

Febrero bisiesto


Dame un 29, suma los dígitos y obtén 11, repite la operación y obtendrás un... ¿Qué ves? Y espero que tengas una respuesta.


Fascinado por la numerología investigo en Wikipedia

en lugar de matemáticos y filósofos

las cábalas de sacerdotes rigen los relojes


Cada cuatro año nos regresan

acumulado

todo el tiempo sisado día tras día


Cuadrados los números

echamos la cuenta

de cuántos faltan


A ellos les quedaron debiendo horas


Las del recuerdo,

contestan los sabios.



Cesárea Tinarejo

martes, 28 de febrero de 2012

Autorretrato


“Y el juicio es interminable, aunque no porque te juzgue alguna deidad, sino porqué tú mismo estás juzgando de forma insistente e incordiante tus acciones.”

Indignación, Philip Roth



¿Quién es la más guapa del reino? ¿El más importante? El más amado. La aceptación empieza por ver esas jugosas nalgas que realzan mi largo y hermoso pelo. De espaldas al espejismo. Sólo yo siento la emoción de estar suspendida en el amarillo sin más sombras que los arquetipos. Sinvergüenzas.


Hoy los nacimientos se anuncian en Facebook y posteamos flores con tarjeta de felicitación incluida. Son muchos los cristalitos de este caleidoscopio roto. Y se me ocurre rebuscar por ahí entre los maestros… Yo me retrato. “Como si estuviera dentro de un caleidoscopio y viera el ojo que lo mira” (Bolaño).


Los que sobornan al jurado y siempre ganan, se engañan. Los que creímos la historia y entramos a trapo al juego, investigamos. Nos perseguimos por la Historia y la historia de la Literatura y la Literatura y la Filosofía y la Actualidad. Los resultados electorales son el mejor indicio de nuestras cuitas.


Autorretrato del personaje – que también dice ay – y acumula frases: “Trasciende el sentido de reciprocidad del trueque”. Porque no hay dualidad. “La transmigración material del Ego” una vez concluida deja paso al vacío. ¿Por qué me cuesta retener la palabra desapego?


También declino aceptación con conformismo lejísimos ya de la dialéctica. Aunque mi propósito es seguir jugando al ajedrez. Por si ahí descubro alguna pista. A estas alturas el principio del determinismo social me parece una teoría física.


Como también aparece en Indignación: “Eso es lo que aprendí de mi padre y lo que me gustó aprender de él: que haces lo que tienes que hacer”.


Con tantas leyes y teorías y citas y referencias es casi imposible hacerse un retrato. Voy a mirarme el culo.



Cesárea Tinarejo

lunes, 27 de febrero de 2012

Puntos azarosos


¿Qué opinaría Pitágoras del algoritmo 21012011? Mi abuelo me enseñó a jugar ajedrez y aunque con él jugué muchísimo a domino no recuerdo como aprendí.


La estatura es determinante en el proceso de aprendizaje. De pequeño, a duras penas si podía ver las fichas de un jugador. Dar la vuelta era muy cansado e incomodaba a los jugadores. Poco después a esas fichas se le añadía la perspectiva del juego. Y con la soltura de la aceptación podía rotar calibrando el juego de todos. Luego empecé a jugar con ellos. Y hasta la fecha.


Pitágoras fue esclavo. ¡Qué época donde podías ser esclavo una o dos veces! Quizá ninguna con un poco de suerte. Yo creo que inventó la aritmética siendo libre. Como creo que los dados son espejismos de piezas de domino en un laberinto de números. Individuos desasidos de la fórmula perfecta. Un sinónimo de la desintegración del Aleph en añicos de memoria.


Una verdadera putada, vaya
.


Cesárea Tinarejo

Azul implacable (dos)

Ahí estás. No hay repetición posible en la mirada sin los filtros de lo aprendido. Así que me visto con la ingenuidad del que se aproxima desde ese ángulo agudo con todos los cosenos erradicados de la memoria. Farfullería improvisada espantando las moscas con tequilas y humo rancio. Pero ahí estás. Y esa afirmación interminable la voy colgando por todas las paredes. Componiendo la escena de un crimen predeterminado. Malevoso. Y aquí te la dejo para que la definas. Sí, soy el azul implacable que se erotiza con el oxígeno que te rodea. Asfixiándonos sin voluntad. Para qué, diría Nicanor Parra, tanta artimaña para llevármela a la cama. Pues sí. Porque en las escaramuzas todos somos alimañas y miramos para arriba. Por si acaso, que de casos peores se han visto. ¡Verdad? Y en El libro de los desórdenes caballarescos yo soy el protagonista que se lleva todos los Óscares.


Hasta el de mejor gastronomía de estar por casa.


Cesárea Tinarejo

Yo, Sancho Panza


Como debe ser, con la panza llena: Cordero a la menta con habas saladitas papas al horno con romero doméstico y ensalada de lechuga y arúgula con semillas tostadas y vinagreta de mostaza. Moras con crema de vino dulce al tequila. Pan línea europea y vino mexicano. Ya con una cazuela de “Me gusta” en Facebook.


La sobremesa es otra historia. Cualquier mexicano es sospechoso de ser supersticioso. Hay que integrar la historia en este presente. Ahora. Las cacofonías de ombligos que bailan sin más velo que una sonrisa. El cachondeo de presumir a las primas platillos de un neo-macho latinoamericano. La renuncia explícita al intelectualismo delator. Cazador de azares con Sabina y Fito.


Sancho se desabotona la faja y se alivia de unos gases inquietos. “El orgullo, Sancho, es una palabra estrecha en nuestro diccionario”, le dice su compañero de andanzas. Aparece en el diccionario: 1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas. ¿Y cómo asolar el territorio erudito con una acepción? 2. m. Aceptación, reconocimiento y auto-afirmación que ennoblece con humildad.


Ah, el orgullo. Dirán los Quijotes que añoran las cenizas de los libros de caballerías. El Libro del orden de caballería de Ramón Llull. Por ejemplo. Y los sanchos nos aplastamos sobre desiertos de cerámica y soles pintados del rojo-sangre. Tan latino. El sol de los olivos reflejado en una piel carismática y con arrugas. Arrugas que son cuentos orales vivos.


Hay días implacables.


Cesárea Tinarejo

Mitología doméstica

El objetivo desenfoca el reflejo desdoblando el encuadre. No es de extrañar (Bolaño) que la estenopeica desconfíe de los caleidoscopios. El fotógrafo se esconde de provocar cualquier reflejo mientras se hace las preguntas pertinentes. ¿Son los sueños síntesis de la realidad? Abro la caverna y enciendo el fuego. Las brasas que dejaron los suicidas incendiarios voluntarios del olvido. Kamikazes literarios que hunden un texto tras otro texto inscribiendo su nombre deleble en cualquier lista ominosa. A cada clic-imagen una palabra-texto. La dialéctica de los acertijos cotidianos que se aparecen por la luz o por las páginas. Hay que levantarse con un pie puesto en la investigación diaria. La realidad es intratable. De eso sabe mucho nuestro fotógrafo. Ahí sigue, peleándose con los ángulos de una composición tan doméstica como indomesticable. Sigue las pistas y no olvides que no se trata tan sólo de intuición. Somos los detectives los que construimos escenas del crimen que nunca existieron. Y, sin embargo, hay culpables, asesinos reconocidos.


Siempre hay indicios: El desagüe por donde tiramos el tiempo es una brújula sin polos magnéticos.


Los valientes nada esperan. Apenas una foto más. Fotógrafo. Otro poema. Poeta.


Cesárea Tinarejo


El subsuelo de la terraza


No es sencillo encontrar el camino hacia la covacha. Si el lugar físico es conocido: el subsuelo de la terraza; es la andadura por la nostalgia empolvada la que desatornilla la intención y pospone la acción de abrir cajas.


Cajas, bolsas, cuadros, pintura, trozos de algo, “¿Qué hace esto aquí?”. “Ya se adelantaron la humedad y las ratas”. El cansancio prematuro de cualquier sorpresa llamada a reordenar el mapa emocional de mis cosas.


El pretérito imperfecto de desempolvar es conjugado por una nueva lista de voluntarios suicidas adictos a las cenizas.


Antes de la limpieza, el fuego de San Marcial se instala en nuestro cuerpo escociéndonos en cada pedacito de recuerdo. La intensidad de la impresión emocional es inversamente proporcional a nuestra capacidad de liberación. Hay cosas que superan una criba tras otra, obstinadas, apelmazándose en nuestra identidad y vistiéndonos con costras.


A medida que las viviendas son más pequeñas, aumenta la capacidad de nuestros discos duros. Poseer nos da una dimensión equivocada de quienes somos. Pero tranquilizadora. Sedante, material y comparable.


¿Cuáles son los límites entre el objeto y la memoria? ¿Acumulamos la memoria de los objetos para aliviar la presión de recordarlo todo?


Yo crezco. Y en esa distancia acumulo la insignificancia de un ser que se adelgaza o engorda en relación directa con mis itinerarios y mis metros cuadrados disponibles.


Tengo un desván de cachivaches, cacharros, trastos y documentos inútiles así que voy a ventilar los ángulos de ese yo para hacer espacio. Para ello, el jurado seleccionado en esta ocasión será marcial e implacable. Al fuego con cordones umbilicales maternos, con los puentes emocionales románticos, con recuerdos perfectos anclados en puertos remotos, con los escondidos paraísos de la juventud, con los apestosos proyectos varados en un mar lleno de sargazos. Fuego.


¿Puede quemarse el pasado?

¿En qué hoguera nos estamos incendiando?

¿Cómo purificar lo que se desconoce?

¿En qué dirección lanzar las cenizas?


Cesárea Tinarejo

sábado, 25 de febrero de 2012

Capote de brega


Desde la seguridad de la barrera. Curioso e intranquilo. Sorprendido como un voyeur que reincide. Ahí está la esquina soñada. El ruedo rectangular de un patio que vive a espaldas de mi. El caribello bravucón lanza sus incitaciones a una hamaca adelgazada por la anemia. Ni rastro del viento bajo las hojas de un durazno con la esperanza puesta en la primavera. Apenas nostalgia del cielo mientras lamo la aspereza de los ladrillos que aíslan las críticas taurinas. Ser ese espontáneo. El que salta la barrera intangible del miedo y se ofusca con el rojo envinado en los ojos. Miro esos ojos cetrinos impenetrables que reflejan mi embestida. Así que resisto frase a frase. Lo recibo con una verónica y el mulato hace salpicar la montera contra el público. Olé, me digo. Inspiro el intangible aire que hay entre el polvo y pongo delante el otro pie sacando el pecho. Eh, lo llamo proponiéndole un quiebre. Somos la pupila de una plaza que, ahora sí, toca el cielo y saca los pañuelos blancos sin pestañear. Pero la ilegalidad de algunas corridas abre un sumario y detiene el reguero de sangre. Me quedo solo de nuevo.


Aplaudiendo.


Cesárea Tinarejo

viernes, 24 de febrero de 2012

Ducha amarilla



“Ordinary life is pretty complex stuff”
Harvey Pekar

“Me gusta el agua sobre el color miel!!” Es todo lo que tengo, de momento, hoy. Frunzo el ceño escurriendo las confusas y divergentes ideas. Lo cierto es que:

(a) Mi estudio es realmente precioso: espacioso, luminoso, confortable, con estilo y muchísimos libros importantes (y nutritivos).
(b) En mi séquito cuento con una Musa
(c) Tengo una MacBook y escucho RAC 105 fm
(d) Las horas hacen cola detrás de mi reloj para ver cuándo les hago caso
(e) Ya no hay pendientes, mandados, asuntos, detallitos que solucionar. Poco a poco he ido cancelando las excusas.
(f) La relación con mis amigos y familiares está en buena forma.
(g) ¡Hasta soy feliz! Estoy en una relación sin dramas, donde las cosas son muy simples: yo me encargo de mí, ella se hace cargo de ella y cuando estamos juntos nos la pasamos bien. Punto.
(h) Sati me acompaña en mi aventura poética roncando alrededor de mi escritorio.
(i) Aumenté sus honorarios recientemente así que Pati trabaja más alegre y cariñosa que nunca. Si le pregunto qué hará el fin de semana me contesta “Descansar”.
(j) El plan financiero del sabático aguantará bien unos meses más.
(k) Y mi culo inquieto ya tiene un plan para buscar trabajo próximamente.

¿Entonces, me pregunto, dónde está la genialidad esperada? ¿Por qué no me salen esos poemas implacables? ¿Dónde están esas novelas que estaban supuestamente esperando el momento oportuno? Hay por ahí unos versos que quiero releer… Pero la poesía sucia de Bukowski se esconde, coño.

Seguiremos meando / nuestros fluidos irán a parar a cualquier arroyo / que crecerá en un río / si estás en Chiapas, se demorará en alguna presa / antes de desembocar en el Atlántico o el Pacífico / las corrientes darán una vueltecita por ahí / si tienes suerte conocerás el Caribe / cualquier nubecita no enseñará la espiritual práctica de la ascendencia / evaporados formaremos nubecitas hasta que se colapse el tránsito aéreo / cambio de temperatura o ganas de joder al hombre del tiempo / lloveremos de cualquier forma / lluvia apacible, tormenta de temporada, huracán encabronado, piedritas heladas, etc. / y el goteo de agua pública nos dejará, rejuvenecidos, en un tinaco de plástico y negro / si tuviste suerte / hasta que abramos la llave y nos duchemos / otra y otra vez / con la misma puñetera agua.

Ahorra una gota de agua cada día. Saboréala. En tu lengua, en tu piel, en tus ojos, rebotando en el suelo. Despídete bien de ella porque de una forma u otra regresará.

Si tienes suerte.

Cesárea Tinarejo

jueves, 23 de febrero de 2012

Cenar luciérnagas

“Cenar luciérnagas como método para lograr sueños luminosos”

#tuitco y Cecilia Monroy


Un platillo de lo más suculento y también de compleja elaboración. Se recomienda para noches muy oscuras, cerradas, y para corazones opacados por la desdicha.


Ingredientes: (siempre para una persona)

2 ó 3 luciérnagas macho centelleantes

1 ó 2 luciérnagas hembra apagadas

Un vaso de agua purificada (sin gas)

Azúcar no demasiado dulce

Una cucharadita de pasiflora, tila o valeriana (o una mezcla de todas ellas)


Es muy importante que los coleópteros polífagos sean frescos y los hallamos cazado en acción pues es esencial que estén en cortejo lo cual es muy sencillo pues todos sabemos que la bioluminiscencia se produce por efecto de la elevación de la temperatura corporal. Los intervalos e intensidad de los destellos nos podrán orientar sobre cual de las 2000 especies identificadas vamos a cenarnos. Recuerda que existe dimorfismo sexual por lo que si la luciérnaga no está volando seguro que es hembra o, en todo caso, un macho muy haragán – nada recomendable. Las hembras se desenchufan y dejan de brillar si se sienten amenazadas así que son un poco más difíciles de encontrar. Paciencia, nadie dijo que era una actividad fácil.


Modo de elaboración:

Para lograr el efecto deseado (sueños luminosos) es muy importante buscar un momento de calma interior donde no se esperen distractores. La cena es el momento más indicado pues de ahí nos dirigiremos al lecho, a la cama, al catre, a la piltra, a la hamaca, a la yacija, a la litera, al camastro o al suelo.


Lleva a ebullición el agua sin gas, pon las yerbas en ella y déjala hervir unos minutos. Sírvete una taza, endulza a tu gusto y deja que se enfríe un poco antes de tomar a pequeños sorbitos.


Mientras degustas la tranquilidad del brebaje, conscientemente, observando cómo huele, la textura de las volutas de calor, el efecto en tu paladar (ojos cerrados), el trasiego hacia el estómago y todo eso; apagas las luces del cuarto, habitación, estancia, aposento, pieza, cuchitril, dormitorio, alcoba, cocina, sala, salón, comedor, baño o bosque en el que te encuentres.


Entonces sueltas a las luciérnagas y te quedas muy quietito y calladito. Observando sin intervenir. En silencio. Muy en silencio. Oyendo cómo tu respiración se duerme.


Aconsejable: Ser previsor. Todos sabemos que los sueños se olvidan. ¡Demasiado pronto! Así que toma la precaución de dejar cerca de ti una libretita y un bolígrafo (asegúrate antes que funciona bien).


Cuando despiertes escribe sin pensar todo lo que te pase por la cabeza y por el cuerpo.


Sírvase bien frío y manténgase en secreto. Ya se ha escrito mucho sobre los sueños como para ir dando vergajazos oníricos al prójimo con los nuestros.


Si unos días después releemos lo escrito y aún sonreímos es que tuvimos un sueño luminoso.


¡Provecho!


Cesárea Tinarejo

miércoles, 22 de febrero de 2012

No me pises que llevo chanclas

Agropop sevillano

“No me parece chido cogerse a un chavo cada noche”. Están las amigas que amenazan con una sexualidad sin filtros. Están las composiciones matemáticas de las noches de un pueblo pequeño: sábanas revueltas y caricias vagabundas que encuentran puentes en cualquier pecho. Las posturas sexuales se repiten en hazañas donde sólo cambian los actores y, por lo tanto, están las aventuras de penes tímidos y de gordos apresurados, pechos jugosos y otros incisivos, pubis de todos los colores, tamaños, estilos y sabores. Ah, pero no hay nada mejor que los relatos que trae la cruda. Como escribe Owen: “… y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta”. Así que hacer el amor al enemigo empieza por una grandiosa masturbación.


Las lentejas se están descongelando. Y si ayer inventé el “Coaching sobre manteles” hoy el sol salió por el sur dejándome colgado en la humedad del patio de mi abuela. Paredes blancas con ventanas minimalistas que encuadran un bosque. A lo lejos, San Cristóbal, encharcado en la calina matutina. La vaporosa mancha que dejan los amaneceres de cada día y los amaneceres nuevos de recuerdos confusos, complejas disquisiciones sobre el bien el mal y los demás, huidas defensivas, objetos olvidados para el museo de victorias y derrotas y un tufillo a fluidos eróticos que se macera entre la prisa del olvido y la sorpresa del anhelo.


¿Y qué hago con las chanclas azules?


Cesárea Tinarejo

martes, 21 de febrero de 2012

El techo de los sueños


“La palabra ‘zapatos’ jamás levitará”

Amberes, Roberto Bolaño


“Por cierto, no veo ningún post nuevo en tu blog ¿?” Así que sigo abotonándome imágenes en la solapa creativa. Pensamiento divergente: soñar que dentro del sueño pido tu ayuda para salir del sueño, el contraste de las tejas rojas, amontonándose en un orden de noche tras noche, bajo el implacable azul; el plan financiero que no cuadra y los números negativos que se acercan, la lista disciplinada de actividades para mantener la calma, la rigurosa intranquilidad de las sillas, los garbanzos con chorizo huérfanos todavía de comensal invitado, los ronquidos de Sati apacibles e indiferentes y, detrás de las puertas, nuevas cerraduras.


La pesadez de hacer cualquier cosa menos escribir “Razones contemporáneas para suicidarse”.


Mi malhumor onírico no te da el acertijo y quedas atrapada. Así que expío a ese yo que sueña que aparece en tus sueños. Subo al techo y me suicido en el azul implacable. Lo demás sigue siendo silencio.


Cesárea Tinarejo

viernes, 17 de febrero de 2012

Azul implacable


Ahí estás. Acorralada por el azul implacable. Estamos solos y arrinconados en un guiñapo de esquina. Todos. Mi azul empalaga a tu cuerpo, quisiera mezclarse con el cromatismo de tu existencia. No es posible. Apenas la caricia de este intervalo de días. Hasta la siguiente redecoración y, sencillamente, no gustes más de esa pared. Te llevarás puesto el cuadro y quemarás mis poemas. Nos miramos a los ojos indefensos y angustiados. “¿Cuántas veces lo has sentido antes?” Siempre diferente, siempre distinto. Siempre lo mismo. Remiro el juego de mis abrazos pictóricos arrimándose a tus entrañas lamiendo los tonos del deseo. Y veo la pared. Por la esquina se cuela la sombra con un beso que ilumina el lienzo a partir de ahí. ¿El destino? Y sin embargo, el prisma que descompone mis sentimientos reproduce el arcoíris que deja el agua de lluvia cuando tropieza furtivamente con la luz. Discutimos, entonces, filosofías existenciales. El blanco opuesto al negro, los insípidos tonos de grises, los estrafalarios contrastes, las crisis estridentes, el mate que tiñe la ilusión, el brilloso encuentro inesperado, el anhelo neutro de la composición perfecta. La mancha abandonada que afea lo pronunciado.


¿Y si no hay un día nuevo después del diluvio?


Cesárea Tinarejo

jueves, 16 de febrero de 2012

Granizada en febrero


Una tormenta de piedra para limpiar a fondo esconder nuestro cuerpo bajo techo y contemplar la furia de algo tan potable como el agua que cuando la temperatura le cambia el estado de ánimo todos sabemos que se evapora o se endurece como nosotros y se deja ir, en tromba o suavemente recuperando la metáfora de los plácidos, nostálgicos, reflexivos, amplios y sosegados ríos pero cuando sale con el estallido de ruido y la determinación del ciego frustrado es capaz de ensordecernos y hasta hacernos temer y sentir un profundo respeto pues si nosotros mismos somos una moderada cantidad de H2O imagínense qué no puede hacer una nube realmente enfurecida encabronada es cuando llueve en todas direcciones y no hay buen resguardo es cuando el suelo se atraganta se inflama se indigesta de tanta humedad y encharca nuestro paso y nuestro paisaje es cuando las señales del universo empolvadas silencian sus campanas y dejan colgado en una telaraña un Om fúnebre y ecuánime si eso es posible.


Limpia, lava, purifica el rastro de lo vil arranca las raíces que me aferran a esa afrenta vacía de verdades mi lengua y refresca este ánimo acomplejado empequeñecido y desorientado llévame con la corriente que desemboca sencillamente en otro sitio que en el reflejo de mí se miren otros rostros y todo se renueve. Otra vez.


Hasta la última gota de mi ser.


Cesárea Tinarejo

martes, 14 de febrero de 2012

A ras de mierda

"Y después se desata la tormenta de mierda."

Roberto Bolaño



Pues sí. ¿Quién no ha estado demasiado cerca de lo sucio? ¿Asqueado? Hay días escatológicos donde los encuadres son, llanamente, reflejo de algo que se descompone. Y el olor es lo de menos, que Sati come balanceadamente. (O sea, siempre podría ser mucho peor).


¿O no?


Con apagones intermitentes “el día del amor y la amistad” (con mayúsculas) desluce la fiesta comercial. Y eso está bien. Como exportar capitales baratos y enriquecerse con los intereses de los pobres. Según como se mire. Está bien, también.


Pero seamos optimistas. Tengo tres o cuatro fotografías en la lista de espera. Y todas bonitas, lucedoras, sugerentes, “profundas”. Por favor, por favor, azul impenetrable, no te envilezcas. No te avillanes.


La felonía que me han hecho pudre mi instinto de felicidad. Desde una raíz que decrece torcida en la semilla que la inspiró. Mi bilis saborea la áspera redención de los que se arrepienten.


Tarde para mí. Necesariamente para ellos. Inhóspita lección de madurez.


En el día gringo de la amistad, como no podría ser mejor tributo.


Cesárea Tinarejo