miércoles, 2 de mayo de 2012

Busco título



“Ahí están todas las pistas”. El barbudo no hace caso de las voces y se concentra en el tambor brasileiro. Tum, tum… Vence el viejito altísimo con la esbeltez de la memoria y se sienta en una banca de madera. Estamos en el Sur y los serruchos cortan días simétricos de calor e infancia. “Ese niño eres tú”. La fascinación por el abuelo, mago de chascarrillos, “Danza vosé”. Bajo un naranjo del que exprime un ácido jugo de limón sin muecas. “Historias”. Y me veo ahí. Escuchando. El papá de mi papá me explica esa primera narración, ese cuento fundacional. “La única historia verdadera a partir de entonces…” Y el protagonista es nuestro anti-héroe, el villano que no queremos ser. “Siéndolo”. Con el corazón abierto de Literatura mamo las primeras palabras que hablan de otros niños. Y con ellas hago un pacto con el mío.

Desde entonces
siempre veo el mismo espejo
un reflejo
donde, apenas
aparece invertido
todo lo que es real
(Ajajá)

“Las adicciones”. Habla de esos cuentos sin título que se repiten todas las noches. Los que sólo desaparecen en reacciones desbocadas que en su movimiento encuentran el espejismo del camino.

Y sería tan sencillo. Como hacer un pisto extremeño. 

Cesárea Tinarejo

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